«Podría llamarse a la imitación ‘la hija que el pensamiento tiene con la estupidez’.» Georg Simmel, por Irene

Como todos sabemos, la moda no es un fenómeno contemporáneo; los adornos, ornamentos, vestimentas y accesorios han tenido gran importancia a lo largo de la historia. Dentro de una organización social, la importancia de la moda puede llegar a ser más influyente de lo que creemos y justamente esto es lo que intentó explicar el sociólogo y filósofo Georg Simmel, a principios del siglo.

Hoy la tan querida Irene, comparte con nosotros el punto de vista de Simmel, para que veamos que a pesar de las diferencias en el tiempo, hay cosas que en la sociedad no varían demasiado.

Si bien no es el único en haber tratado la moda desde el punto de vista sociológico (Balzac, Goffman, Barthés, entre otros, también lo hicieron), Georg Simmel me pareció interesante, sobre todo porque murió en 1918. A grandes rasgos, estas son sus consideraciones sobre la moda.

Simmel considera que la moda es una institución que se caracteriza por unificar, paradójicamente, a quienes ostentan un interés por la diferencia.

Establece la polarización distinción/imitación, destacando cómo imitando algo que se nos impone, nos diferenciamos de un grupo de individuos para homogeneizarnos en otro.

Esto puede verse no sólo en los “a la moda”, si no también en los demodé. Si estar a la moda es imitar un paradigma social, ir intencionadamente en contra de la moda, es “imitar lo mismo pero con signo inverso”, según el señor. En otras palabras, estar en contra de la moda, te diferencia de lo “socialmente establecido” pero te iguala a lo “anti”, que termina por ser aceptado socialmente. Hoy usar una campera con tachas o tener tatuajes es casi la norma. Lo rebelde, lo anti o lo diferente termina siendo moda tarde o temprano.

Destaca que la moda es la “imitación de un modelo”, lo que  lo que compensa la necesidad de sentirnos parte de la sociedad, despreocupándonos del flagelo más común del ser humano: decidir. (Ya hubiera deseado yo que en mi escuela usáramos uniforme, así no tenía que preocuparme por elegir vestuario todos los días.)

Cavando más profundo, además, estamos poniendo la responsabilidad “de ser originales” a los demás, sometiendo la conducta individual a la de una regla colectiva. Es el “otro” quien me dice qué tengo que ponerme, woo hoo.

“Las modas son modas de clase”. La de la clase superior se diferencia de la de la clase inferior, y, generalmente, las modas en las clases altas son desertadas una vez que las clases bajas acceden a ellas.

Las estructuras sociales han hecho que históricamente se busquen artificios simbólicos para diferenciar una clase, casta, tribu, o estrato de otra. El jefe de la tribu tenía una corona de plumas más grande que el guerrero raso, el señor feudal se vestía con pieles mientras el campesino en harapos, y el Rey se cubría de oro. Sin dudas, en esa época era prácticamente imposible que una clase pudiera imitar la moda de la clase superior; la “moda”, aunque no vista como la vemos hoy, era delimitada y hermética.

Precisamente, dice Simmel que las modas de hoy (hoy = 1910) ya no son ni tan onerosas, ni tan singulares como antes y tienen una menor duración, atribuyendo esto a que la moda de “hoy” se incorpora mucho más rápido a círculos más amplios, es más accesible y podés tenerla simplemente comprándola. Claramente, no hay dinero que compre el buen gusto pero hoy podés estar bien vestido sin ser descendiente directo de los Merovingios.

No sé si me gusta o no me gusta lo relacionado a la moda. Lo que pienso es que, a menos que nos vistamos con hojas de parra o cueros de vacas y cuernos de toros (cazados por nosotros mismos), siempre vamos a estar bajo el yugo del verticalazo normativo de la moda. Y de la anti moda.

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